Fibromialgia: Ada Luz Rojas Morán

Mi nombre es Ada Luz  Rojas Morán, tengo 45 años. Soy madre y ama de casa, así que el trajín del día a día lo conozco bien, sé lo frustrante que puede ser pensar que una puede hacer mil cosas y saber que, repentinamente, nuestro cuerpo de alguna manera nos puede traicionar.

Pese a que nací prematura, y de pequeña fuera muy delgada, no tuve problemas  de salud hasta finales del 2005. Ya me había casado, vivíamos en Cajamarca. Tenía a mi hijo mayor de 6 años y a mi hija de meses de nacida, cuando, de pronto, un día cargando la tina con agua para bañar a mi bebita, al soltar la tina e intentar enderezar mi postura, sentí un dolor tan agudo que me obligó a tomar un momento antes de continuar. Luego me di cuenta de que con el solo rozar la zona lumbar de mi espalda el dolor era muy  fuerte.

Allí se encendieron mis alarmas, pero el trajín diario y el cuidado mis hijos pequeños, me obligaron a dejar de lado lo que debía ser mi prioridad: mi salud. En el año 2007 nos mudamos a Piura y por un par de años aprendí a vivir con el dolor intenso lumbar. Pero, de pronto, empecé a amanecer no sólo adolorida, si no que también, cansada. Como si no hubiera descansado nada.

En Piura busqué a un médico, en mi desconocimiento fui primero a ver a un traumatólogo, quien me derivó a un reumatólogo, y éste, luego de rayos x y resonancia a mi columna, me explicó que la causa de mis dolores era el apiñamiento de mis dos últimas vértebras a los nervios de mi columna, lesión producida probablemente por una fuerte caída en mi adolescencia, lo cual era verdad. Me recetó Etoricoxib, dosis altas por casi dos meses. No noté mejoría. Lo peor es que empecé a generar alergias a un grupo grande de medicinas, los antiinflamatorios no esteroideos, grupo al que el Etoricoxib pertenecía.

En un viaje a Lima pedí la segunda opinión de otro reumatólogo, quien,  luego de nuevos exámenes, me diagnosticó con fibromialgia. Esto fue desalentador para mí porque no tiene cura. La medicación que me indicó fue pregabalina y, ciertamente, no sentí más de un 5% de alivio. Luego busqué fisioterapia. Me aliviaba un poco al recibirla, pero, días después, este alivio desaparecía.

Y así pasaron los años, siempre con mis dolores y molestias. Tomaba relajantes musculares, que al ayudarme a dormir algo, me aliviaban un poco, pues el dolor crónico afectaba demasiado mi conciliación de sueño y la permanencia del mismo en la madrugada; si dormida me movía en la cama, el dolor me lograba despertar.

En el año 2016, habiendo regresado a vivir en Lima, un día cambiando canales en la TV, vi un reportaje en National Geographic sobre el poder del cannabis medicinal en ciertas dolencias y conocí la historia de una anciana con cáncer y un hombre joven incapacitado debido a la  fibromialgia. Este reportaje cambió mi vida, empecé a investigar por mi cuenta en internet, leía mucho al respecto.

Fue una columna publicada en un diario (escrita por un médico oncólogo peruano famoso radicado en Estados Unidos) en la que hablaba sobre todo lo que hay para investigar sobre las propiedades del cannabis para uso medicinal y lo beneficioso que se había demostrado para ciertas dolencias, principalmente, las que producen dolor crónico y/o tienen origen neuropático. Esto abrió mi mente a la esperanza de que esta planta maravillosa podría quizás ayudarme a tratar mis dolencias.

Ese mismo año (2017) tuve una primera crisis de dolor producida por tres pequeñas hernias discales en mi columna, también en el área lumbar (que no sabía que ya  tenía). Terminé yendo en ambulancia a una  clínica cercana y estuve hospitalizada cinco días. Me trataron con tapentadol y gravapentina, que me hacían tener náuseas y mareos todo el día, impidiéndome realizar mi vida con normalidad. Este episodio fue el punto de quiebre, decidí averiguar y conseguir para mí esas gotas milagrosas, esas gotas de esperanza, para tratar de recuperar la calidad de vida que ya no tenía.

Así que encontré a un neurólogo de mente abierta , quien me evaluaba cada dos meses. Me recetó al principio la dosis máxima de Pregabalina y luego Duloxetina – con ésta última un poco de alivio empecé a tener. Pero, los  dolores en la zona lumbar y los espasmos en mis muslos eran tantos, que empecé a pedir ayuda a mis hijos para atarme las zapatillas. Tampoco podía  manejar mi auto por más de veinte minutos sin terminar tremendamente adolorida tanto que para salir del auto, me tomaba varios minutos incorporarme por el dolor agudo y constante.

Gracias a Dios encontré en el aceite medicinal de cannabis gran alivio a mis dolencias, aún el dolor persiste, el aceite no es una cura para mi enfermedad, pero es un gran paliativo del dolor, y me ayudó a recuperar la calidad de vida que ya no tenía. Ahora puedo conciliar mejor el sueño, le dije adiós al estreñimiento y tengo alivio a mis dolores, no total, pero en gran parte. Mi neurólogo se alegró de ver mi mejoría con el aceite y ahora me chequea anualmente, nada más.

El año pasado y el presente, por pérdidas afectivas personales, casi caí en depresión. Tuve que seguir terapia psicológica, y  en la actualidad tomo a diario Duloxetina y mis gotas de aceite de cannabis que, en conjunto, me están ayudando a lidiar con el dolor crónico .

Yo puedo dar fe de que esta plantita maravillosa tiene muchas propiedades beneficiosas para la salud, no solamente en humanos. Aún sólo se han estudiado a fondo dos o tres de sus componentes, imagínense todo lo que se puede investigar de ella, aprender y utilizar para el tratamiento único o coadyudante en tantas enfermedades, en tratamientos médicos, etc, y, si logramos ser escuchados, que haya una ley de libre cultivo y real acceso a la salud a través del uso de los beneficios del cannabis medicinal. Miles o cientos de miles de peruanos podremos tener nuestra real medicina en nuestras propias casas.

Es prioritario que nuestro gobierno y las autoridades correspondientes tomen el testimonio de pacientes como yo, que por años no tuvimos alivio a nuestras dolencias con la medicina tradicional, para que se convenzan de invertir recursos en la investigación aquí en nuestro país sobre el cannabis medicinal. Hay mucho por hacer, son enormes los beneficios que se pueden dar en la salud de las personas que padecemos diferentes enfermedades y dolencias.

Gracias.

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